Tierra del ánimo

“El hombre es el reflejo de todas las cosas de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son.”

(Protágoras)

 

vishnea 

 El hombre ve su reflejo en varias cosas reiteradamente, porque el mundo es un largo espejo en el que se sumerjan nuestros pensamientos, deseos, revelaciones y sentimientos contorneados por el poder del espíritu y el corazón. 

   No obstante hay un largo camino frente a cada uno de nosotros y los hombres, por unanimidad, están dispuestos a elegir su vía que tiene las raíces en el lugar donde nacemos y saboreamos el aire puro de los inmensos paisajes por donde fluye el agua de la vida, grata al paladar… 

   Este santísimo lugar es el nido en el cual nuestras alas por primera vez aprenden a acariciar y cosquillar el viento, donde gustamos la tristeza y el dolor, la dulzura y la pasión de la vida y rescatamos del fondo del abismo las ganas de amar. Este nido es mi casa y los paisajes multicolores de mi tierra. Y no hay otra cosa más sagrada que el sabor innato de la leche que te sirve de beber tu tierra – leche mezclada con la sangre que abunde en proteínas del presente y azúcares del pasado.

   “Pienso, luego existo” (Descartes), amo, luego vivo. ¿Pero quién nos enseña por primera vez lo que es el amor? Nuestro nido, nuestra tierra donde al resplandor del alba abrimos los ojos para gozar de toda la belleza que nos rodea. Aquí el amor brota en cada átomo y en cada célula. Las laderas pintadas en amarillo calientan sus pechos bajo el sol ardiente del verano. Las llanuras y arboledas refrescan nuestro ánimo. Los rastrojos al lado de los caminos plagados de polvo y rocalla reciben buenos modales de cada pie humano. Los estanques y embalsas duermen en los hoyos cavados por el tiempo en las franjas del terreno. En todo esto yo veo amor. Un otro espejo para mi alma es el seno de la naturaleza - la ubre de mi tierra.

   A pesar de varios problemas que retumban en mi nido: la tormenta, la sequedad, la hambre y las guerras, tanto tiempo que existe el amor podemos hacer de tripas corazón y chafar la neblina del infierno. Porque no hay nada más sagrado y fuerte que la gente enamorada de su tierra como una pareja de jóvenes cariñosos siempre listos para derretirse en los brazos de la pasión.

  Al abrir el sobre de mi corazón encuentro una carta mágica donde las emociones escriben con su mano poderosa:


Siempre guardo un sentimiento,

Que no se aleja ni con el viento

-Vivo, celeste y retozón,

Plácido, tierno, manso, dulzón.

Cuanta locura, cuanto sabor!

"¡Qué viva mi tierra! ¡Qué viva el amor!"
¡Qué viva mi Tierra del ánimo!!!

 

* Foto de Tatiana Art

 

© Crowelle.com/Tatiana Art